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Norte

 

Siempre en tus recuerdos, Lía Oreste.

Así terminaba de leer Tomás, uno de los tantos correos electrónicos que compartió con Lía al iniciar su historia.

En mis recuerdos. ¿Qué son mis recuerdos? ¿Qué recuerdos tengo de ella? ¿Llegará un día en que no la recuerde?.

La memoria, un cosa tan fuerte y frágil al mismo tiempo. Fuerte porque aunque pasen años, ahí se mantienen imágenes, aromas, sonidos que nos llevan de la nada a otros lugares. Frágil, porque basta con un evento para destruirla.

No quisiera olvidar, olvidarla.

¿Qué pasó? ¿Qué me pasó? ¿Qué nos pasó?

No entendiste quien soy, me dijo.

¿Acaso, no la vi lo suficiente? ¿Quizás no la escuché?. ¿Por ahí, no sé, no estuve lo suficiente?

Suficiente. ¿Cuánto y cuándo es suficiente?

Desearía volver atrás.

¿Volver atrás? ¿para qué? ¿Por qué quieres volver hacia atrás Tomás?

No quiero cambiar nada, porque así, así me entregué, así fue como quise y deseé estar contigo. No cambiaría nada y aun, lo cambiaría todo para volver a ti.

Me confundo en mis pensamientos. Sobre pienso esto que me está sucediendo, porque no sé qué está sucediendo. Esta densa niebla no me deja ver, no me deja sentir. No me conecto. Siento que no estoy para mí.

¿Y ahora, como me encuentro si no tengo la brújula que me guía?

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